Hay una contradicción creciendo en las calles de varias ciudades latinoamericanas. Por un lado, la ropa de dormir —pijamas, pants holgados, pantuflas— aparece con más frecuencia fuera de los hogares: en tiendas, cafeterías y transporte público. Por el otro, una parte de la población lo ve como una señal de descuido que no encaja con las normas sociales de la región. El origen del fenómeno, según quienes lo critican, apunta hacia el norte: la influencia de la cultura estadounidense, donde salir en ropa cómoda o de dormir es una práctica normalizada desde hace años.
En redes sociales, las quejas aparecen de forma dispersa. Usuarios señalan que la tendencia representa una importación cultural que no necesariamente se adapta al contexto latinoamericano, donde la vestimenta pública ha tenido históricamente un peso simbólico mayor. Varios comentarios apuntan a que vestirse para salir —aunque sea de manera informal— forma parte de un código de respeto hacia los espacios compartidos. La comunidad debate si la comodidad personal debe tener límites cuando se trata del espacio público.



