Durante décadas, la ropa de dormir tuvo un lugar claro en la vida cotidiana mexicana: la recámara. Salir con pijama a la tienda, al hospital o simplemente a caminar por la colonia era algo inusual, incluso mal visto. Ese límite, sin embargo, se ha ido borrando en los últimos años, y la discusión que eso genera en redes sociales refleja una tensión cultural que va más allá de la moda.
La tendencia de usar pijama fuera del hogar —pantalones de franela, conjuntos de satín o pants con estampados de caricaturas— se ha hecho más frecuente en zonas urbanas de México. No es un fenómeno exclusivo del país: en Estados Unidos y partes de Europa lleva años normalizándose, y esa expansión global es precisamente uno de los puntos que más irrita a quienes la critican.



