Pocos temas generan tanta resignación silenciosa en Argentina como la llamada cultura del 'vivo': la tendencia social a justificar el aprovechamiento ajeno, la trampa pequeña o el robo callejero como una forma de astucia antes que como una falla ética. No es un fenómeno nuevo, pero sigue apareciendo de manera recurrente en conversaciones cotidianas y en redes sociales, donde los comentarios oscilan entre la crítica y la aceptación fatalista.
En las últimas horas, usuarios en redes sociales expresaron frustración ante lo que describen como una normalización profunda de conductas antiéticas. Varios comentarios apuntan a que el problema no es solo la delincuencia organizada, sino la tolerancia cultural hacia el aprovechamiento en sus formas más cotidianas: desde quien se cuela en una fila hasta quien roba con la convicción de que el sistema lo obliga a hacerlo.



