Cualquiera que haya viajado en transporte público en Ciudad de México sabe que las sorpresas están a la vuelta de la esquina. Pero pocos esperaban que el protagonista de la anécdota más comentada de los últimos días fuera un joven que, visiblemente ebrio, decidió recurrir a los pasajeros del Metrobús como su mejor estrategia para calmar a su mamá.
La historia circula con fuerza en redes sociales: el muchacho, en un estado que no le permitía hablar con total coherencia, habría pedido a los desconocidos que lo rodeaban que le dijeran a su madre —al teléfono o en persona, según distintas versiones— que él estaba perfectamente bien. La respuesta de los pasajeros no fue el rechazo ni la indiferencia. Varios se sumaron al plan sin pensarlo demasiado.



