Según encuestas que circulan en redes sociales, las mujeres en Argentina consumen contenido adulto en proporciones comparables —o incluso superiores— a las de los hombres. El dato, que contradice una percepción extendida, se convirtió en el eje de un debate digital que combina estadísticas, crítica cultural y preocupaciones sobre delitos vinculados a la industria.
La discusión no es nueva, pero cobró fuerza en los últimos días a partir de comentarios que cuestionan la narrativa dominante: aquella que sitúa al varón como consumidor casi exclusivo y, por tanto, como el único responsable de regular ese consumo. Usuarios señalan que esa visión ignora datos concretos y termina siendo contraproducente para cualquier política pública o debate social serio.



