Hay una contradicción difícil de ignorar: en una ciudad que presume de modernización digital, los pasajeros que llegan a sus aeropuertos se encuentran con que no pueden usar libremente las aplicaciones de transporte que utilizan en el resto de la metrópoli. Esa tensión está en el centro de un debate que creció con fuerza en redes sociales y que involucra intereses económicos, regulación laboral y la experiencia cotidiana de miles de viajeros.
Las restricciones a plataformas como Uber en los aeropuertos de CDMX no son nuevas, pero volvieron a la conversación pública con renovada intensidad. Usuarios expresan indignación ante lo que describen como una limitación artificial a su derecho de elegir cómo moverse. La queja no es abstracta: quienes llegan a la ciudad —ya sea por turismo o por trabajo— se ven obligados a recurrir a taxis oficiales cuyas tarifas, según varios comentarios, resultan significativamente más altas que las de las apps.



