Hay una contradicción difícil de ignorar: mientras las negociaciones diplomáticas entre Estados Unidos e Irán siguen abiertas, Donald Trump lanzó una de las amenazas militares más directas de su mandato. El presidente estadounidense advirtió que su país "arrasará" las centrales eléctricas iraníes si Teherán no garantiza la apertura del estrecho de Ormuz antes de que venza un plazo de 48 horas. La advertencia no llegó a través de canales diplomáticos discretos, sino en público, con la contundencia característica de Trump.
El estrecho de Ormuz no es un punto geográfico cualquiera. Por ese corredor de apenas 33 kilómetros de ancho pasa aproximadamente el 20% del petróleo mundial, incluyendo grandes volúmenes que abastecen a Europa y Asia. Cualquier interrupción en ese paso —ya sea por bloqueo, conflicto armado o tensión sostenida— tiene consecuencias directas en los precios internacionales del crudo, y por extensión, en los costos de energía y transporte que afectan a toda la región latinoamericana.



