Dos de los principales objetivos de la política exterior de Donald Trump —Rusia y Cuba— aparecen ahora en el mismo encuadre, y la reacción del presidente estadounidense no fue la que muchos esperaban. Consultado sobre la llegada de un buque petrolero ruso a la isla caribeña, Trump descartó el asunto con una frase breve: "tienen que sobrevivir". Dijo, además, no tener "ningún problema" con esa operación.
La declaración genera una contradicción difícil de ignorar. La administración Trump mantiene sanciones activas contra Cuba y ha endurecido su postura frente a Moscú en varios frentes diplomáticos. Que el presidente reste importancia a un intercambio energético directo entre ambos países —dos naciones bajo presión estadounidense— plantea preguntas sobre la coherencia de esa estrategia.


