Seis de cada diez argentinos creen que un estallido social es un escenario probable en el corto plazo. Ese es el dato central que circula en encuestas recientes y que ha encendido el debate sobre el estado de ánimo colectivo en el país. No se trata de una proyección económica técnica, sino de una percepción ciudadana que, según analistas, tiene peso propio: cuando la mayoría anticipa una ruptura, la tensión social se retroalimenta.
El trasfondo es conocido pero no por eso menos urgente. La caída sostenida del consumo, una ola de despidos en distintos sectores y una inflación que, aunque desacelerada respecto a los picos de 2023, sigue erosionando el poder adquisitivo de los hogares, configuran un escenario de fatiga acumulada. La clase media y los trabajadores formales son los grupos que, según el debate en redes sociales, sienten con mayor intensidad ese desgaste cotidiano.



