Muchos mexicanos amanecieron esta semana con la misma pregunta: ¿quién pidió esta reforma? La iniciativa electoral que impulsa la presidenta Claudia Sheinbaum circula con fuerza en redes sociales, pero no precisamente por el entusiasmo que el gobierno esperaría. El tono que predomina es el de la duda, y en algunos casos, la indignación abierta.
En redes sociales, usuarios señalan que la narrativa oficial presenta la propuesta como si respondiera a un reclamo masivo de la ciudadanía mexicana, algo que buena parte de quienes participan en el debate niega con firmeza. La comunidad debate si una reforma de este calado fue realmente demandada por la población o si, en cambio, responde a una agenda interna del partido en el poder. Varios comentarios apuntan a que la diferencia entre lo que se dice en los comunicados oficiales y lo que se percibe en la calle es demasiado grande para ignorarla.



