Hay padres en México que cada mañana dudan antes de mandar a sus hijos a la escuela. No por el clima ni por el tráfico, sino por el miedo real a que alguien los espere afuera del plantel con una oferta que no pueden rechazar. Esa es la realidad que describe la conversación que circula en redes sociales, cargada de testimonios, indignación y una sensación creciente de abandono.
El fenómeno del reclutamiento forzado de menores por cárteles en entornos escolares no es nuevo en México, pero ha vuelto a ganar visibilidad pública en semanas recientes. Usuarios señalan que los grupos criminales operan cerca de escuelas de nivel básico y medio superior, especialmente en estados con alta presencia del crimen organizado, para captar a adolescentes vulnerables. Quienes se niegan, según varios comentarios, enfrentan amenazas o violencia directa.


