Durante años, la polarización política en España fue vista como una tensión manejable entre bloques ideológicos opuestos. Hoy, esa tensión muestra señales de haberse convertido en algo más preocupante: una dinámica donde el sectarismo, la violencia simbólica y los escándalos recurrentes erosionan la confianza de la ciudadanía en sus propias instituciones.
Lo que se debate ahora en redes sociales no es solo quién tiene razón en tal o cual disputa partidaria. La conversación apunta a algo más estructural: la percepción de que el cinismo se ha instalado como norma entre actores políticos de distintos signos. Usuarios señalan que las denuncias falsas como herramienta política se han normalizado, y que la hipocresía —acusar al rival de lo que uno mismo practica— define buena parte del intercambio público.



