Quienes han seguido de cerca la crisis birmana desde América Latina saben que el nombre de Min Aung Hlaing lleva años vinculado a la represión y al quiebre democrático. Ahora, ese mismo general tiene título oficial: presidente de Birmania. El Parlamento controlado por la junta militar lo eligió para el cargo, un movimiento que consolida formalmente el poder que ya ejercía desde las sombras del golpe de Estado.
El nombramiento no sorprende a los analistas. Min Aung Hlaing encabezó el golpe del 1 de febrero de 2021, cuando las fuerzas armadas derrocaron al gobierno de la Liga Nacional para la Democracia y detuvieron a Aung San Suu Kyi, quien cumplía funciones como consejera de Estado. Desde entonces, el general dirigió el país bajo la figura de presidente del Consejo de Administración del Estado, el nombre que la junta dio a su propio gobierno provisional. La presidencia formal es, en ese sentido, la ratificación institucional de un control que ya existía en los hechos.



