Dos visiones opuestas conviven en el debate público sobre el rumbo económico de Argentina bajo Javier Milei: una que celebra la apreciación del peso y la desaceleración inflacionaria, y otra que denuncia que esos indicadores no se traducen en mejoras reales para la mayoría de la población. La tensión entre ambas narrativas domina la conversación en redes sociales y refleja un país profundamente dividido sobre el balance del gobierno libertario.
La reducción de la inflación mensual y la relativa estabilidad del tipo de cambio son los argumentos más repetidos por quienes defienden la gestión. Para ese sector, el fortalecimiento del peso representa una señal de confianza en la economía argentina, algo que consideraban impensable hace apenas un año. Estos usuarios destacan que el ajuste fiscal, aunque doloroso, era inevitable dado el estado de las cuentas públicas.


