Hay una paradoja que recorre las mesas familiares de Argentina: hijos que votan y defienden a Javier Milei mientras sus padres pierden el empleo o cierran el negocio que sostiene el hogar. No es un caso aislado. Es un patrón que se repite en la conversación pública y que revela una fractura que va más allá de la política.
La desaprobación a la gestión del presidente argentino ha escalado hasta cerca del 60%, según los datos que circulan en el debate ciudadano. Es un número que marcaría un punto de inflexión para cualquier gobierno. Sin embargo, ese deterioro en la opinión general convive con un núcleo de apoyo juvenil que se mantiene firme, incluso cuando el impacto económico de las políticas de ajuste golpea directamente a quienes los rodean.



