Hay una paradoja difícil de ignorar: Chile podría tener a una de sus expresidentas al frente de la ONU y, al mismo tiempo, el gobierno de su propio país ha decidido no apoyarla. Esa contradicción resume la tensión política que estalló esta semana cuando la administración de José Antonio Kast anunció el retiro de su respaldo a la candidatura de Michelle Bachelet para la Secretaría General del organismo multilateral.
La decisión no cierra del todo la puerta. Bachelet, quien ya encabezó la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos entre 2018 y 2022, puede continuar con su postulación sin el apoyo formal del Estado chileno. Los procesos de selección en la ONU no exigen que el candidato cuente con el respaldo de su gobierno nacional para avanzar, aunque ese aval suele ser un factor de peso en la diplomacia multilateral.



