La percepción de una justicia de dos velocidades gana terreno en México. Usuarios y analistas señalan que mientras ciertos delitos menores son perseguidos con dureza, casos de alto impacto vinculados a corrupción y narcotráfico no reciben castigos proporcionales a su gravedad, lo que erosiona la confianza en el sistema judicial del país.
El fenómeno no es nuevo, pero ha cobrado fuerza en las últimas semanas. La conversación pública se ha intensificado alrededor de lo que muchos denominan la «nueva justicia» en México: un modelo que, en teoría, prometía mayor transparencia y eficacia, pero que en la práctica genera dudas sobre su imparcialidad. La indignación se concentra en la aplicación desigual de la ley, un problema que distintos sectores de la sociedad llevan años documentando sin que se registren cambios estructurales visibles.



