Hay una contradicción que incomoda: la violencia escala, los secuestros persisten, la inseguridad se instala en la vida cotidiana de millones de latinoamericanos, y sin embargo la respuesta colectiva parece no llegar. Esa paradoja es precisamente la que está alimentando un debate encendido en redes sociales, donde el hartazgo convive, de manera tensa, con la inmovilidad.
En los últimos días, usuarios hispanohablantes en redes sociales han expresado con fuerza su indignación ante lo que describen como una resignación generalizada. No se trata de un país específico: el sentimiento atraviesa fronteras y aparece en conversaciones de México, Centroamérica, Venezuela, Colombia y más allá. La percepción compartida es que la ciudadanía ha normalizado niveles de violencia que, en otras circunstancias, habrían generado movilizaciones masivas.



