Muchas personas en América Latina se despiertan cada mañana con la misma pregunta: ¿por qué el rechazo a la guerra se convierte, inevitablemente, en otro campo de batalla político? La sensación es compartida. Decir "no a la guerra" debería ser un punto de encuentro, pero en la práctica se transforma en una declaración que algunos usan para alinearse con un bando u otro, para atacar al adversario o para validar una agenda que poco tiene que ver con las víctimas reales del conflicto.
Ese malestar cobra relevancia esta semana, cuando la tensión entre Estados Unidos, Israel e Irán volvió a escalar de forma significativa. Los titulares de los principales medios de la región siguen en tiempo real una situación que, aunque geográficamente lejana, genera una reacción inmediata en las redes sociales latinoamericanas.

