Cada vez que una catástrofe natural sacude una región, el ciclo suele repetirse: una oleada inicial de solidaridad, cobertura mediática intensa durante unos días y, después, un silencio progresivo que deja a las víctimas navegando solas entre trámites y promesas incumplidas. Ese patrón es precisamente el que está en el centro de un debate que creció en redes sociales a raíz de la DANA y sus consecuencias sobre comunidades afectadas en España.
La conversación no gira únicamente en torno a los daños materiales ni a la gestión de emergencias en tiempo real. Lo que moviliza a quienes participan del debate es algo más difuso y, a la vez, más profundo: la sensación de que la sociedad en su conjunto ha normalizado la indiferencia ante el sufrimiento ajeno cuando este deja de ser noticia.



