Viajar en el metro se ha convertido, para muchos mexicanos, en una experiencia que mezcla rutina con tensión. Subir al vagón, cuidar la mochila, calcular el riesgo. Esa sensación cotidiana se ha trasladado a las redes sociales, donde ciudadanos de distintas ciudades del país comparten relatos de robos, agresiones y una sensación creciente de que las autoridades no están respondiendo a la altura del problema.
El hartazgo no es nuevo, pero la conversación digital le ha dado una escala distinta. Usuarios señalan que los incidentes de violencia en el transporte público, especialmente en el Sistema de Transporte Colectivo Metro de la Ciudad de México, han llegado a un punto en que algunos pasajeros optan por la autodefensa ante la ausencia de intervención policial efectiva. La comunidad debate si estas reacciones son comprensibles o si representan un riesgo adicional para la seguridad colectiva.



