Hay un cansancio que se repite en miles de comentarios, de distintos países, escritos en el mismo tono: la sensación de que quienes detentan el poder se sirven de él para beneficio propio, mientras quienes los defienden a ciegas terminan siendo cómplices involuntarios del sistema. Ese hartazgo volvió a manifestarse con fuerza en redes sociales durante los últimos días, cuando el tema de los privilegios y actos de corrupción política escaló en la conversación digital latinoamericana.
El detonante no es un solo escándalo ni un único país. Es, más bien, la acumulación. Casos de funcionarios que acumulan bienes inexplicables, denuncias de manejo irregular de recursos públicos y señalamientos sobre tratos diferenciados ante la ley alimentan un malestar que ya no distingue fronteras dentro de la región. En redes sociales, usuarios señalan que la corrupción no es un problema aislado de individuos, sino un sistema que se sostiene colectivamente cuando la ciudadanía elige mirar hacia otro lado o defender a sus representantes sin importar la evidencia.



