Miles de publicaciones inundan las redes sociales cada 21 de marzo con una imagen recurrente: flores amarillas. La tradición, asociada al equinoccio de primavera y al vínculo entre amigos, repunta año tras año como uno de los fenómenos culturales más constantes entre jóvenes latinoamericanos, y esta temporada no fue la excepción.
La costumbre tiene raíces que mezclan el calendario astronómico con el simbolismo popular. El equinoccio de primavera, que en el hemisferio norte ocurre alrededor del 21 de marzo, se convirtió con el tiempo en una fecha para celebrar la renovación y el afecto entre personas cercanas. Las flores amarillas, asociadas culturalmente con la energía, la alegría y la amistad —a diferencia del rojo romántico del Día de San Valentín—, se volvieron el símbolo elegido para ese momento del año.



