Hay algo llamativo en ver a un inmigrante recién llegado a Madrid defender la siesta con más convicción que cualquier madrileño de toda la vida. Esa imagen, que circula con frecuencia en redes sociales en forma de anécdota o meme, resume bien el tono de una conversación que lleva semanas ganando presencia en el debate digital hispanohablante: ¿cuánto valoran los españoles su propia cultura?
La discusión no es nueva, pero vuelve a cobrar fuerza. En redes sociales, usuarios de distintos perfiles comparten reflexiones que oscilan entre el orgullo genuino y la autocrítica más ácida. Hay quienes señalan con humor que los extranjeros que llegan a España terminan siendo sus mejores embajadores culturales: adoptan los horarios de comida, aprenden a tomarse el tiempo con calma, descubren la riqueza de la gastronomía regional. Mientras tanto, parte de la sociedad local parece mirar hacia otro lado.



