Para miles de mujeres en España que dependen del sistema de pulseras antimaltratadores, noviembre pasado fue un mes de incertidumbre. El dispositivo que se supone debe alertar a las autoridades si un agresor se acerca a su víctima dejó de funcionar correctamente durante un período, exponiendo a mujeres protegidas a un riesgo que el sistema judicial había prometido eliminar.
Ahora, el Ministerio de Igualdad de España respondió con una sanción formal: 25.285 euros de multa a Vodafone, la empresa responsable de operar la infraestructura tecnológica de ese sistema de monitoreo. La resolución llega varios meses después del incidente y pone en el centro del debate quién responde cuando falla la tecnología que protege vidas.
El sistema de pulseras de control telemático es una herramienta clave dentro del esquema de protección a víctimas de violencia de género en España. Funciona mediante dispositivos que portan tanto la víctima como el agresor, y genera una alerta automática si ambos se encuentran en un radio de proximidad determinado. Vodafone gestiona la red sobre la que opera ese sistema, lo que la convierte en responsable directa de su disponibilidad continua.
El fallo de noviembre interrumpió ese monitoreo de forma temporal, aunque las autoridades no precisaron públicamente cuántas personas quedaron sin cobertura ni por cuánto tiempo exacto. Esa falta de detalle es uno de los puntos que más tensión genera: sin cifras claras, es difícil dimensionar el riesgo real al que estuvieron expuestas las víctimas durante la interrupción.
Una sanción que abre preguntas más amplias
La multa, aunque simbólica en términos económicos para una empresa del tamaño de Vodafone, tiene un peso institucional relevante. Establece un precedente sobre la responsabilidad de los operadores privados en servicios que el Estado utiliza para garantizar derechos fundamentales. La pregunta que queda abierta es si 25.000 euros resulta proporcional a la gravedad de una falla en un sistema diseñado para prevenir feminicidios y agresiones.
El caso también es relevante para la discusión regional sobre cómo los países latinoamericanos —varios de los cuales evalúan o ya implementan sistemas similares de monitoreo electrónico— deben estructurar los contratos con proveedores privados para garantizar continuidad y establecer consecuencias reales ante fallos.
Fuentes: 20minutos, El País América


