Denunciar en redes sociales puede ser, al mismo tiempo, la única salida y una nueva fuente de daño. Esa paradoja define hoy la experiencia de muchas mujeres en entornos digitales de América Latina, donde el acoso en línea no solo persiste, sino que en varios casos se amplifica mediante cuentas automatizadas o bots diseñados para hostigar, silenciar o revictimizar.
La tensión es clara: las plataformas digitales se presentan como espacios de visibilización y denuncia, pero también funcionan como escenarios donde el abuso se organiza con herramientas tecnológicas. Usuarios señalan que cuando una mujer decide hablar públicamente sobre una agresión, el volumen de respuestas hostiles —muchas provenientes de perfiles sin actividad orgánica— puede ser suficiente para disuadirla de continuar.



