Hay una contradicción que incomoda a millones de personas: pagan impuestos mes a mes para sostener un sistema de salud pública que, cuando más lo necesitan, no responde. Esa es la queja que circula con fuerza en redes sociales entre ciudadanos de distintos países hispanohablantes, y que revela una crisis de confianza profunda entre el Estado y quienes lo financian.
El malestar no es nuevo, pero ha ganado intensidad. En redes sociales, usuarios señalan que las listas de espera se han extendido de manera inaceptable, que los hospitales públicos operan con equipos obsoletos y que los medicamentos escasean en centros de atención básica. La sensación generalizada es que el dinero recaudado no llega a donde debería.



