Desde hace más de una década, México registra una crisis de personas desaparecidas que no encuentra solución estructural. El Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas supera las 100,000 personas reportadas desde que existen registros formales, una cifra que coloca al país entre los más afectados de la región en este indicador. Ese acumulado histórico es el telón de fondo que explica por qué el tema vuelve a encender la conversación pública de manera recurrente.
En los últimos días, la indignación ciudadana se ha intensificado en redes sociales. Los comentarios reflejan una sensación de abandono: usuarios señalan que el gobierno destina atención política a agendas externas —como la situación en Cuba— mientras los problemas de seguridad interna permanecen sin respuesta efectiva. La percepción generalizada es que la violencia y las desapariciones no reciben la urgencia que merecen desde las instituciones del Estado.



