Cada año, cuando el calendario de los torneos continentales de clubes toma forma, el fútbol sudamericano vive uno de sus rituales más esperados: el sorteo de grupos. La Copa Libertadores y la Copa Sudamericana definen en ese momento el camino que deberá recorrer cada equipo antes de soñar con una final. Este año, la ceremonia correspondiente a la edición 2026 se celebra hoy, y la atención de hinchas en toda la región está puesta en Luque, Paraguay, sede habitual de la CONMEBOL.
El sorteo determina los grupos de la fase inicial de ambas competencias. En la Libertadores, los equipos clasificados se distribuyen en bombos según su historial y rendimiento reciente, lo que condiciona directamente la dificultad del camino. Los bombos más bajos concentran a los clubes con mayor puntaje en el ranking CONMEBOL, mientras que los de numeración más alta agrupan a los recién llegados o a los de menor trayectoria continental. Esa lógica de distribución es la que genera tanta expectativa: un equipo de bombo alto puede terminar en el mismo grupo que varios gigantes del continente, o bien encontrar un camino más accesible.



