Nacido en 1937, Westendorp desarrolló una carrera que combinó la diplomacia profesional con la militancia en el Partido Socialista Obrero Español. Llegó al cargo de ministro de Asuntos Exteriores en 1995, durante el último tramo del gobierno de Felipe González, en sustitución de Javier Solana, quien pasó a encabezar la OTAN. Aunque su paso por el ministerio fue breve —apenas un año, hasta la derrota electoral del PSOE en 1996—, dejó huella en las negociaciones europeas del período.
Uno de los momentos más recordados de su carrera fue su papel como presidente de la Conferencia Intergubernamental de la Unión Europea en 1995 y 1996, instancia que preparó el terreno para el Tratado de Ámsterdam. Su nombre quedó asociado a ese proceso de reforma institucional europeo, conocido informalmente como el Grupo de Reflexión Westendorp, que él mismo presidió.
Una carrera que trascendió las fronteras españolas
Tras dejar el gobierno, Westendorp continuó activo en el ámbito internacional. Entre sus encargos más notorios estuvo el de Alto Representante para Bosnia y Herzegovina, cargo que ocupó entre 1997 y 1999 bajo mandato de la comunidad internacional, en plena fase de reconstrucción del país tras los acuerdos de Dayton. Esa función lo colocó en el centro de uno de los procesos de pacificación más complejos de Europa en la posguerra fría.
También fue embajador de España en Estados Unidos y en el Reino Unido, lo que le dio una visión amplia de las relaciones bilaterales españolas con las principales potencias occidentales.
Para la audiencia latinoamericana, la figura de Westendorp representa una época en que España consolidaba su rol como puente entre Europa y América Latina, un vínculo que el PSOE de González impulsó activamente en foros multilaterales. Su trayectoria ilustra cómo la transición democrática española derivó en una proyección exterior sostenida durante los años de mayor influencia socialista en el gobierno.
Con su muerte, el socialismo español pierde a uno de sus cuadros diplomáticos más experimentados, figura de una generación que vivió de cerca la construcción de la Europa contemporánea.