El término tiene una carga histórica precisa. Perú vivió durante los años ochenta una crisis económica devastadora —con hiperinflación que llegó a superar el 7.000% anual en 1990— acompañada por el colapso de los partidos tradicionales y el ascenso de figuras como Alberto Fujimori, quien llegó al poder desde fuera del sistema político establecido. La informalidad se consolidó como una forma de supervivencia para millones de familias, y el Estado perdió capacidad de regulación efectiva sobre amplias zonas de la economía y el territorio.
Un paralelo que incomoda
Aplicar ese esquema a Argentina implica reconocer similitudes incómodas. El país acumula más de dos décadas de inestabilidad macroeconómica, con nueve reestructuraciones de deuda desde 1980, una inflación que en 2024 superó el 200% anual y una caída sostenida del salario real. A eso se suma la fragmentación del sistema de partidos: el peronismo y el radicalismo, que durante décadas organizaron la competencia electoral, hoy conviven con fuerzas nuevas que reconfiguran el mapa político de manera acelerada.
El ascenso de Javier Milei a la presidencia en diciembre de 2023, con un discurso abiertamente antisistema y una propuesta de desmantelamiento del Estado, es leído por algunos analistas como una expresión local de ese proceso. Otros, en cambio, argumentan que la comparación subestima las diferencias estructurales entre ambos países: Argentina tiene un nivel de urbanización, escolarización y desarrollo industrial que Perú no tenía en su momento más crítico.
El debate también tiene una dimensión simbólica. Hablar de "peruanización" implica, para muchos argentinos, aceptar una degradación del estatus que el país se atribuyó históricamente en la región. Esa resistencia cultural forma parte del propio fenómeno que se intenta describir.
Lo que el análisis deja en claro es que Argentina enfrenta una combinación de factores —informalidad creciente, desconfianza institucional y recomposición política acelerada— que merece ser leída con herramientas comparadas, más allá de si el término elegido resulta cómodo o no.