Hay una contradicción que atraviesa el debate político latinoamericano de estas semanas: cuanto más se habla de detener el avance de las políticas de Donald Trump, menos claro parece el camino para lograrlo. La metáfora del ciclón, que circula en medios de Venezuela y Colombia, no es casual. Captura algo real: la sensación de que las decisiones del gobierno estadounidense llegan con una fuerza que reorganiza todo a su paso, sin pedir permiso.
Desde aranceles comerciales hasta presiones diplomáticas, pasando por restricciones migratorias y un discurso que tensiona las relaciones con América Latina, el primer período de Trump en 2025 acumula decisiones que afectan directamente a la región. No es solo retórica. Son medidas concretas con consecuencias económicas y sociales para países que dependen del comercio con Estados Unidos o que tienen millones de ciudadanos viviendo en ese territorio.



