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Trump solicita presupuesto millonario para convertir Alcatraz en prisión de máxima seguridad

La administración Trump solicitó formalmente al Congreso una partida de 152 millones de dólares para restaurar y reabrir la prisión de Alcatraz como penal de alta seguridad. La propuesta reactiva un anuncio que el presidente había hecho semanas atrás y que generó escepticismo por los costos y la viabilidad del proyecto.

Trump solicita 152 millones de dólares para reabrir la prisión de Alcatraz
Foto: Dailymotion

152 millones de dólares: esa es la cifra que la administración de Donald Trump solicitó formalmente al Congreso para financiar la reapertura de la prisión de Alcatraz, la histórica isla carcelaria ubicada en la bahía de San Francisco que cerró sus puertas en 1963 y que desde entonces opera como atracción turística bajo la administración del Servicio de Parques Nacionales.

La solicitud presupuestaria convierte en trámite legislativo concreto lo que hasta hace poco era una declaración política. Trump había anunciado su intención de reabrir Alcatraz como penal de máxima seguridad para albergar a lo que su gobierno describe como los criminales más peligrosos del país, en línea con la retórica de mano dura que ha marcado su política migratoria y de seguridad interior desde el inicio de su segundo mandato.

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El monto solicitado cubre, según los titulares disponibles, los trabajos de restauración necesarios para que la infraestructura de la isla vuelva a ser funcional como centro de detención. Alcatraz lleva más de seis décadas sin operar como prisión, lo que implica que gran parte de sus instalaciones requeriría una renovación profunda antes de poder recibir reclusos.

Un proyecto con obstáculos legales y logísticos

La viabilidad del plan enfrenta varios frentes de resistencia. Desde el punto de vista legal, la isla forma parte de un área de recreación nacional protegida, lo que exigiría cambios normativos o una reclasificación del terreno para permitir su uso carcelario. En términos logísticos, el acceso a Alcatraz depende exclusivamente de transporte acuático, lo que eleva considerablemente los costos operativos de cualquier instalación permanente.

El costo histórico de mantener Alcatraz activa fue, de hecho, una de las razones principales por las que el gobierno federal decidió cerrarla a principios de los años sesenta: operar la prisión resultaba significativamente más caro que mantener penales equivalentes en tierra firme.

Para la región latinoamericana, la propuesta tiene relevancia directa. El gobierno de Trump ha vinculado explícitamente su agenda de seguridad con las políticas migratorias, y la idea de una prisión de alta seguridad de perfil simbólico se enmarca en ese discurso. Varios países de América Latina han sido mencionados en el contexto de deportaciones masivas y acuerdos de detención, lo que hace que cualquier expansión de la infraestructura carcelaria federal en Estados Unidos sea seguida con atención en la región.

El Congreso deberá ahora evaluar si aprueba la partida. La solicitud no garantiza la ejecución del proyecto: el proceso legislativo puede modificar, reducir o rechazar el presupuesto. Sin embargo, el solo hecho de que la administración haya formalizado el pedido indica que la propuesta dejó de ser un anuncio retórico para convertirse en una iniciativa con respaldo institucional.

Alcatraz recibe actualmente más de un millón de visitantes al año, lo que también abre un debate sobre el impacto económico y cultural de convertir un sitio histórico en una instalación penitenciaria activa.

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