Durante décadas, la industria farmacéutica global operó bajo un esquema en el que Estados Unidos absorbía gran parte del costo de la innovación médica mientras otros países accedían a los mismos medicamentos a precios significativamente menores. Esa asimetría ha sido una queja recurrente de distintas administraciones estadounidenses, pero ninguna había actuado con la contundencia que ahora propone el gobierno de Donald Trump.
La Casa Blanca anunció la imposición de aranceles del 100% sobre ciertos medicamentos patentados que ingresen al mercado estadounidense desde el exterior. La medida, presentada como una herramienta para equilibrar la balanza comercial en el sector salud, incluye una excepción parcial: los fármacos de origen europeo quedarían sujetos a una tasa del 15%, considerablemente menor, aunque igualmente significativa para el comercio farmacéutico transatlántico.



