Desde hace varios años, Venezuela opera con un sistema cambiario que combina una tasa oficial fijada por el Banco Central de Venezuela (BCV) y un mercado paralelo que refleja la demanda real de divisas en la economía informal. Esta dualidad cambiaria no es un fenómeno nuevo: nació de controles de cambio que se fueron endureciendo a lo largo de la última década y que, aunque se han flexibilizado parcialmente, no han desaparecido del todo. Entender esa diferencia es clave para comprender por qué millones de venezolanos siguen el precio del dólar con tanta atención cada mañana.
Este lunes 16 de marzo, la cotización oficial publicada por el BCV y la tasa que circula en el mercado no oficial mantienen una brecha que, aunque se ha reducido respecto a los picos históricos de años anteriores, sigue siendo relevante para quienes realizan transacciones cotidianas, cobran remesas o fijan precios de productos y servicios. La economía venezolana está altamente dolarizada en la práctica: gran parte del comercio minorista, el sector inmobiliario y los servicios profesionales operan en dólares, lo que convierte el tipo de cambio en un dato de supervivencia diaria para la población.


