Muchos lo conocen por su carrera en la industria del cine para adultos, pero el nombre de Nacho Vidal vuelve a los titulares por una razón completamente distinta. Un tribunal español lo condenó a tres años de prisión por traficar con cocaína rosa en una zona de ocio de Valencia, según informaron medios españoles este martes.
La sustancia en cuestión no es nueva, pero sí cada vez más presente en conversaciones sobre seguridad y salud pública. La cocaína rosa, también conocida como tusi o 2C-B, es una mezcla sintética que combina distintas drogas —entre ellas ketamina, MDMA y en algunos casos cocaína— teñida con colorante rosado. Su apariencia llamativa y su asociación con ambientes de lujo la han convertido en una sustancia de alto consumo en fiestas y clubes nocturnos tanto en España como en varios países de América Latina, especialmente en México, Colombia y Argentina.
El caso de Vidal se enmarca en un operativo que detectó la venta de esta droga en espacios de entretenimiento valenciano. Los detalles precisos del operativo no han sido completamente divulgados por los medios hasta el momento, pero la condena establece una pena de prisión efectiva de tres años para el actor, que ya había enfrentado problemas legales en el pasado.
Una droga que cruza fronteras
El impacto de esta noticia va más allá de la figura del condenado. La cocaína rosa lleva años expandiéndose por los circuitos de ocio nocturno en Hispanoamérica. Autoridades de salud en México y Colombia han emitido alertas sobre su consumo, advirtiendo que su composición varía según el fabricante, lo que la hace especialmente impredecible y peligrosa. A diferencia de otras sustancias con fórmulas más estables, el tusi puede contener proporciones distintas de cada componente en cada lote, elevando el riesgo de sobredosis.
En ese contexto, que una figura pública con proyección internacional —Nacho Vidal acumuló millones de seguidores en plataformas digitales durante años— sea condenada por distribuir esta sustancia en espacios de entretenimiento pone en evidencia cómo el tráfico de drogas sintéticas ha permeado entornos que van más allá de los circuitos criminales tradicionales.
Vidal, cuyo nombre real es Ignacio Jordà González, ya había estado en el centro de la atención pública en 2020, cuando fue detenido tras la muerte de un fotógrafo durante un ritual con sapo bufo en su domicilio. Aquel caso fue archivado posteriormente, pero marcó un punto de inflexión en su imagen pública.
La sentencia conocida este martes es, por ahora, la condena más concreta que enfrenta. Si se confirma en firme, implicaría el ingreso efectivo a prisión, aunque en España las penas de hasta dos años suelen suspenderse para personas sin antecedentes. Al superar ese umbral, el escenario legal se complica considerablemente para el actor.



