Hay artistas que desaparecen y hay artistas que hacen falta. Celine Dion pertenece a la segunda categoría, y su regreso anunciado a los escenarios después de seis años de ausencia no es solo una noticia del mundo del espectáculo: es el cierre visible de un proceso de recuperación que la propia cantante describió como una de las batallas más difíciles de su vida.
El anuncio llega cuatro años después de que Dion recibiera el diagnóstico del síndrome de la persona rígida, una enfermedad neurológica extremadamente poco frecuente que afecta el sistema nervioso central y provoca espasmos musculares severos e involuntarios. La condición la obligó a cancelar su gira mundial, suspender sus residencias en Las Vegas y retirarse completamente de la vida pública. No fue una pausa estratégica ni un descanso planificado: fue una retirada forzada por una enfermedad que, en sus casos más graves, puede dejar a quienes la padecen sin capacidad de moverse con normalidad.



