Hay una paradoja que circula con fuerza entre jóvenes latinoamericanos: trabajar más no garantiza vivir mejor. Esa contradicción, que antes parecía una queja generacional pasajera, se ha convertido en un debate estructural sobre salarios, inflación y las posibilidades reales de progresar en economías que, según quienes participan en la discusión, están diseñadas para mantener el statu quo.
En redes sociales, la conversación es clara en su tono: frustración ante el bajo poder adquisitivo y la sensación de que el esfuerzo individual ya no alcanza para cubrir necesidades básicas como la vivienda o simplemente para ahorrar. Usuarios señalan que el costo de vida ha subido de forma sostenida mientras los salarios se han mantenido estancados o han crecido por debajo de la inflación real. El resultado, apuntan varios comentarios, es una generación que no aspira a poco por falta de ambición, sino porque las condiciones objetivas del mercado laboral imponen un techo muy bajo.

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