Con más de cuatro millones de viajes diarios, el Metro de Ciudad de México es uno de los sistemas de transporte más utilizados de América Latina. Esa magnitud lo convierte también en uno de los más vulnerables cuando el mantenimiento se rezaga o la seguridad falla. Y en los últimos días, ambos problemas han vuelto a ocupar el centro del debate público.
La queja no es nueva, pero la intensidad con que circula en redes sociales indica que la paciencia de los usuarios ha llegado a un punto crítico. Reportes de retrasos prolongados y saturación en varias líneas se acumulan junto a testimonios sobre robos, acoso y situaciones de violencia dentro de trenes y estaciones. La combinación de un servicio deficiente con una percepción de inseguridad creciente genera una presión doble sobre quienes no tienen otra opción de transporte.



