Por primera vez desde su elección, el papa León XIV presidió el Viacrucis del Viernes Santo en el Coliseo Romano cargando personalmente la cruz durante toda la procesión, retomando una tradición que en años recientes había sido modificada por razones de salud de sus predecesores.
La imagen del nuevo pontífice sosteniendo la cruz a lo largo del recorrido completo contrasta con las últimas ediciones de esta ceremonia, cuando Juan Pablo II y posteriormente Francisco —en sus últimos años— delegaron ese peso físico a otros participantes debido a sus condiciones de salud. León XIV, en cambio, completó el trayecto sin ceder la cruz, lo que fue interpretado de inmediato como una señal deliberada sobre el estilo de su pontificado.



