Hay platos que dividen a una sociedad no por política ni por ideología, sino por el punto exacto de cocción. La tortilla de patatas española lleva décadas en ese lugar incómodo: un alimento cotidiano, económico y profundamente identitario que, cuando se prepara con el huevo poco cuajado, puede convertirse en un vector de salmonella, una bacteria que en España provoca decenas de miles de casos de intoxicación alimentaria cada año.
El debate no es nuevo, pero resurge con regularidad. Las autoridades sanitarias han insistido en que el huevo crudo o semicrudo representa un riesgo real, especialmente para niños, personas mayores y mujeres embarazadas. La salmonelosis puede provocar desde malestar gastrointestinal hasta cuadros graves que requieren hospitalización. Sin embargo, la advertencia choca frontalmente con una preferencia cultural muy arraigada: para millones de personas, la tortilla que no chorrea al cortarla sencillamente no es tortilla.



