Hay una paradoja difícil de ignorar: el presidente de una de las empresas tecnológicas y de defensa más importantes de España abandona el cargo no por decisión propia, sino por la presión sostenida del Gobierno que, en teoría, debería ser su principal aliado estratégico. Ángel Escribano dimitirá esta tarde como presidente de Indra, según confirmaron este mediodía varios medios españoles, poniendo fin a una disputa que lleva meses tensando la relación entre el Ejecutivo y el consejo de la compañía.
Indra no es una empresa cualquiera. Es el principal contratista tecnológico del Ministerio de Defensa de España, desarrolla sistemas de gestión del tráfico aéreo utilizados en decenas de países y tiene presencia relevante en América Latina, donde opera en sectores que van desde la administración pública hasta la infraestructura crítica. Su presidencia, por tanto, no es un cargo corporativo menor: tiene implicaciones directas en la política industrial y de seguridad del Estado.



