Cuando las tensiones entre Washington y Teherán vuelven a escalar, los países que históricamente han mantenido distancia de los bloques militares se convierten en actores inesperados de la geopolítica global. Austria acaba de recordarle al mundo que su neutralidad no es un formalismo diplomático.
El gobierno austriaco denegó formalmente la solicitud de EE. UU. para utilizar su espacio aéreo en el marco de operaciones militares dirigidas contra Irán. La negativa, confirmada en las últimas horas, se fundamenta en el estatus de neutralidad permanente que Austria adoptó en 1955 como condición para recuperar su soberanía tras la Segunda Guerra Mundial. Ese principio, consagrado constitucionalmente, prohíbe al país centroeuropeo facilitar infraestructura —incluyendo su espacio aéreo— para acciones bélicas de terceros.


