Seis apagones nacionales en año y medio: esa es la frecuencia con la que Cuba ha perdido el suministro eléctrico total en su territorio durante el período más reciente. El último corte generalizado se confirmó en las últimas horas, según reportes de múltiples medios de la región, y vuelve a poner en el centro del debate la gravedad del colapso energético que atraviesa la isla.
El hecho no es aislado ni sorpresivo. Cuba lleva varios años acumulando una deuda estructural con su infraestructura eléctrica: plantas termoeléctricas envejecidas, escasez de combustible para operarlas y una capacidad de generación que no alcanza para cubrir la demanda básica de la población. Cada vez que una de las pocas unidades generadoras falla, el efecto en cascada puede dejar sin luz a todo el país en cuestión de horas.



