Durante décadas, las tensiones entre Occidente e Irán han girado en torno al programa nuclear iraní, las sanciones económicas y los conflictos por delegación en Medio Oriente. Ese largo historial de fricciones llegó a un nuevo punto de quiebre cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques directos contra instalaciones energéticas en territorio iraní, una escalada que marca un cambio significativo en la naturaleza del enfrentamiento.
El presidente de Irán respondió con una advertencia explícita: las acciones militares contra su infraestructura energética tendrán, según sus palabras, consecuencias incontrolables para el mundo. La declaración no es solo retórica diplomática. Irán controla el estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial, y cualquier represalia sobre rutas marítimas o instalaciones regionales podría sacudir los mercados internacionales de energía de forma inmediata.



