Durante décadas, las tensiones entre Irán, Israel y Estados Unidos se mantuvieron en un equilibrio frágil, sostenido por amenazas, sanciones y operaciones encubiertas. Ese equilibrio se rompió hace una semana, cuando el conflicto escaló a una confrontación abierta que hoy cumple siete días de combates.
El dato más significativo de las últimas horas es la confirmación de la muerte del Ayatolá, máxima autoridad del régimen iraní. Su eliminación representa un golpe sin precedentes para la República Islámica, que ya atravesaba lo que analistas describían como su momento de mayor debilidad en años: reducción de sus fuerzas proxy en la región, presión económica acumulada y un sistema de defensa aérea severamente dañado tras los primeros días de ataques.


