Durante años, Argentina alternó entre distintos modelos económicos que dejaron huellas profundas en el poder adquisitivo de su población. Controles de precios, subsidios masivos, inflación crónica y ciclos de devaluación configuraron un escenario donde la canasta básica se volvió cada vez más difícil de sostener para los sectores de menores ingresos. Ese historial es el marco que hoy permite entender por qué el acceso a los alimentos se convirtió en uno de los temas más sensibles del debate público argentino.
Sobre ese trasfondo, la conversación en redes sociales refleja una indignación extendida. Usuarios comparten testimonios de familias que redujeron sus compras de productos esenciales, que posponen tratamientos médicos para poder comer, o que directamente dependen de comedores comunitarios para garantizar una comida diaria. El 18% de la población en situación de pobreza extrema es la cifra que circula con mayor frecuencia en estos intercambios, y funciona como ancla del debate.



