Durante años, la inflación fue considerada en varios países latinoamericanos un problema cíclico, algo que aparecía, golpeaba y eventualmente cedía. Hoy, sin embargo, la sensación generalizada es distinta: el alza de precios dejó de ser un episodio pasajero para convertirse en una presión constante sobre el presupuesto familiar. Esa acumulación sostenida es el telón de fondo que explica la preocupación actual por la pérdida de poder adquisitivo en la región.
El problema central es conocido pero no por eso menos urgente. Cuando los precios de alimentos, alquileres y servicios básicos crecen más rápido que los salarios, el dinero alcanza para menos cada mes. No se trata de una percepción subjetiva: es una ecuación concreta que millones de familias enfrentan al momento de hacer las cuentas. El costo de los alimentos básicos ha registrado incrementos significativos en países como Argentina, México, Colombia y Chile, entre otros, afectando especialmente a los sectores de ingresos medios y bajos.


