Hay una contradicción que se repite en el debate laboral latinoamericano: mientras los gobiernos presentan cifras de ocupación, millones de personas trabajan sin contrato, sin seguridad social y sin ingresos estables. El empleo existe, pero en condiciones que muchos ya no llaman trabajo digno.
El dato más citado en redes sociales es contundente: el desempleo juvenil roza el 25% en varios países de la región. Uno de cada cuatro jóvenes en edad de trabajar no encuentra un puesto formal. Y quienes sí consiguen algo, en muchos casos lo hacen fuera del sistema: sin aportes previsionales, sin obra social, sin estabilidad. La informalidad laboral ya alcanza al 50% de los ocupados, según los datos que circulan en la conversación pública.


