Muchos argentinos lo reconocen sin dificultad: en una conversación política, tarde o temprano alguien pregunta de qué lado estás. No hay grises, no hay matices. Hay dos equipos, y hay que elegir uno. Esa sensación, familiar para cualquiera que haya debatido en una mesa familiar o en un grupo de WhatsApp, está en el centro de una discusión que circula en redes sociales con una mezcla de autocrítica e incomodidad.
El debate no es nuevo, pero persiste. La polarización política en Argentina se describe con frecuencia usando el mismo vocabulario que el fútbol: hinchadas, barras, camisetas. No es una metáfora casual. Varios comentarios en redes apuntan a que el fanatismo deportivo y el político comparten una misma estructura emocional: la identidad del grupo por encima del análisis individual, la lealtad como virtud y la duda como traición.



